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Te regalo una sonrisa UA|Hasgard&Teneo|Oneshot|NC17

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Seyca

Seyca
Shiryu de Dragon
Shiryu de Dragon

Te regalo una sonrisa UA

Hasgard & Teneo

NC 17

Profesor Universitario, después de tantos años de estudio y trabajo, el Doctor en Filosofía y Letras Hasgard dejó sus funciones en un centro de idiomas, al fin sería profesor de literatura inglesa, la Universidad que lo contrató estaba lejos de su lugar de origen pero entusiasmado rentó un pequeño departamento no tan cerca de la Facultad para poder tener cierta privacidad en sus actos, aunque no tenía hábitos del todo reprochables, era mejor estar lejos para no dar lugar a ningún malentendido, pues sabía la homosexualidad aún no era del todo bien vista y  a  él  no le gustaba estar solo.

Sus primeras semanas de adaptación se dio cuenta que hacía más desperdicio y consumía más tiempo cocinarse a mí mismo diariamente que si buscaba un lugar económico donde comer, recorrió varios restaurantes pequeños que frecuentaban estudiantes y profesores hasta que encontró un lugar confortable con ambiente hogareño, la señora que lo dirigía era muy agradable y tenía buena comida. Debido a su altura y dimensiones siempre debía pagar doble ración, de otra manera no quedaba satisfecho, a sus 28 años, 2.10 m y 120 kg lo hacían un consumidor fuera de lo común de proteína.

En la Universidad había sido jugador de basquetbol por lo que su cuerpo era grande, pero atlético y aún salía a correr todas las mañanas antes de ir a trabajar como una rutina diaria.

Empezó a acostumbrarse a la clientela habitual, entre ellos un payaso callejero que había visto en un muy saturado crucero cercano, siempre llegaba saludando alegremente a los comensales y si había algún niño le hacía un juguete de globo, para luego ir a un lavamanos donde hacía una rutina de modelo viéndose en un espejo imaginario que hacía reír a todos los presentes.

Tratando de comportarse como el serio profesor Universitario apenas alzaba la vista fingiendo no despegar la vista de su plato, apenas le ponía atención. El payaso acostumbraba sentarse en alguna mesa cerca de la salida y la gente pasaba dejándole una moneda, a veces juntaba algo y a veces simplemente lo ignoraban. Cuando le dejaban dinero apretaba en el pecho la primera moneda y cerraba los ojos en un claro gesto agradecimiento.

Un día el local estaba atiborrado y el payasito, después de hacer su acostumbrado show se acercó pidiéndole permiso para sentarse junto a él.

Lo dejó sin problema y él  chico tomó asiento.

- Muchas gracias hoy comeremos como hermanitos – dijo con una voz divertida haciendo movimientos exagerados, en ningún momento dejaba el papel.

La señora se acercó a tomarle su pedido.

- Hoy me alcanza para la comida completa, tráigame de todo – su voz se escuchaba feliz y notó como frotó sus manos, emocionado.

Antes de salir no pudo evitarlo y pagó ambas comidas.

Los siguientes días lo observó con detenimiento, había veces en que sólo pedía sopa ó un vaso de agua, y había veces en que no iba, sus visitas se hicieron más esporádicas hasta que dejo de ir.

Se había perdido algo en ese lugar, en verdad aquel payasito se había quedado en su mente de una forma que no podía explicarlo, sobre todo porque, Hasgard, le tuvo fobia a los payasos toda su niñez y hasta a la adolescencia. Es más, de adulto no los disfrutaba.

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Tenía ya 32 años y cuatro años dando clases a estudiantes de segundo año, ya avanzados, con cierto criterio formado, tenía estudiante de todo tipo, había los buenos y los malos, los callados y los hablantines.

Una de sus dinámicas de trabajo era el análisis de textos en equipo. Los hizo al azar y les explicó que era la mejor forma de hacerlo porque así era la vida, difícilmente se elegía con quien trabajar, los grupos simplemente se formaban dependiendo del lugar a donde llegarán.

Un equipo en específico llamó su atención, la primera vez pensó que era cuestión de adaptación pero la segunda ya se preocupó, los muchachos simplemente se mantenían en su lugar sin iniciar la actividad, se acercó a ellos para ver qué pasaba.

Los argumentos iban desde “no entendí las instrucciones”, “me siento incómoda trabajando entre puros niños”, y uno de ellos simplemente lo miraba, con unos ojos muy grandes verde profundo, con una extraña combinación entre expectación y curiosidad que no supo interpretar.

Al final fue el primero el girar su silla para invitar a sus compañeros de trabajar, Teneo de repente cambió del muchacho que no había dicho una sola palabra en un mes de clase a un líder nato que no tardó en organizar a su equipo.

Más adelante se dio cuenta que él era quien le explicaba a sus compañeros algunos conceptos complejos y además los hacía reflexionar con respecto a los diferentes autores y épocas literarias que analizaba.

Sus exposiciones y ensayos eran muy pulcros, pero generalmente mostraba una seriedad poco común entre los chicos de su edad.

Estaban casi por terminar el curso cuando Teneo llegó a buscarlo a su oficina. Lo dejó pasar y muy educadamente se dirigió al profesor.

- Dr. Hasgard, estoy vendiendo boletos para un concurso de payasos, es a beneficio de un fondo de apoyo a niños discapacitados, van payasos de toda la región – dijo entusiasmado.

Hasgard tomó el boleto y lo observó, aunque no iría compró dos boletos, por unos momento pensó en invitar a una profesora nueva que le agradaba.

- Si quedara entre los diez finalistas iré a México al concurso nacional.

- Entonces es payasito profesional.

El chico dejó entrever una enorme sonrisa.

- Si, desde los quince años amenizo fiestas infantiles y otras fiestas, pero gracias a esos centros de apoyo desde hace dos años participo en concursos.

- Muy bien, me da gusto que además no descuides tus estudios.

- No lo haría, me gusta mucho la literatura.

El chico salió sonriente de la oficina, y Hasgard se quedó con esa expresión en su mente, en ese lindo rostro, sacudió su cabeza quitándose de la mente lo que acababa de pensar, si, el chico era atractivo, pero era muy joven, 12 años menor que el Profesor, además era su maestro, por más que esa sonrisa lo cautivara, Hasgard sabía que no debía siquiera pensar en ello. Rompió los boletos y no fue al show.

Los días pasaron estaban cerca de los exámenes finales cuando recibió un correo del muchacho pidiéndole permiso para faltar al examen final pues estaría en el concurso nacional de payasos. Le dio permiso con la condición de que le mostrará el diploma participación.

Teneo apareció dos días después, otra vez con esa hermosa y transparente sonrisa que hizo al profesor temblar por dentro. Mostrándole su diploma de tercer lugar a nivel nacional.

Lo felicitó escuetamente y le informó de inmediato el día en que presentaría el examen, la sonrisa desapareció y las cejas se fruncieron.

- No se acuerda de mí, ¿verdad? - ahora yo fruncía las cejas – hace tres años comimos juntos y usted me invitó esa comida, además nunca se iba sin dejarme una moneda, jamás lo olvidaré.

Teneo se levantó, parado de perfil hizo el número del modelo frente al espejo.

- ¿Teneo? – dijo sorprendido – ¿eras el payasito del crucero?

- Pase 5 años de mi vida en ese crucero – dijo sonriente – con eso cuide a mis hermanitos y pude pagar la matrícula para esta universidad, afortunadamente conseguí una beca y me fui haciendo de un nombre en las fiestas infantiles, siempre fueron mis favoritas.

- Eres bueno Teneo, no sólo como payaso, sé que serás un gran profesionista, ¿por qué dejaste de ir a la cocina?

- Mi mamá se enfermó, entonces lo que yo sacaba apenas alcanzaba para que comiéramos precariamente los cuatro, si comía fuera los dejaba con muy poco, fueron días muy difíciles – su sonrisa se borró unos segundos - después de eso me di cuenta que era mejor comer en casa, eran menos gastos y así pude ahorrar un poco, afortunadamente me empezaron a contratar para más fiestas.

Protegido tras su escritorio trataba de ocultar la vergüenza que le daba sentir algo por el joven payasito, pero era imposible no hacerlo, la incomodidad crecía, y todo estaba por empeorar.

- Yo siempre lo observaba en la cocina, y sé que fui muy atrevido cuando me senté junto a usted, alcance a ver su nombre en su gafete, lo investigue y cuando supe de qué trataban sus clases me gusto y supe que eso debía estudiar.

- Teneo – fue todo lo que alcanzó a decir casi en un susurro mientras él descaradamente destapaba sus sentimientos, debía decir, “Teneo detente”.

- Yo no he dejado de pensar en usted ni un momento desde ese día, en su mirada, su sonrisa y la bondad que es clara en su alma.

Afortunadamente sus compañeros llegaron a pedir sus calificaciones y pudo zafarse de él. Teneo se salió de la oficina caminando hacia atrás sin dejar de verlo en una franca e insana coquetería.

Hasgard resopló y empezó a atender a sus compañeros. Afortunadamente programó su examen con otro grupo y no estarían solos, de ahí en adelante procuró no atenderlo a solas y en lo posible no recibirlo con la misma libertad, sentía que era tan fácil caer, perderse en esos expresivos ojos y morir en ese cuerpo, Teneo era alto y corpulento se salía de la media, pero al lado de Hasgard parecía delicado, quizás 1.90 m, no tan delgado, su cabello negro largo enmarcaba su tez morena clara y sus enormes ojos verdes azulados invitaban a perderse en ellos, en su juventud y energía. “Teneo” repetía su mente a menudo, más de lo que debería.

El curso terminó y afortunadamente ya no tenía que verlo tres veces a la semana, pasaron unas semanas antes de que volviera a encontrarse por los pasillos de la Universidad, la sonrisa de Teneo al ver a Hargard mostraba tal gusto que parecía una total indiscreción de su parte responder de la misma manera, así que sólo movía discretamente la cabeza, como un simple saludo.

Una noche Hasgard se quedó hasta tarde trabajando en un paper, estaba por apagar la computadora cuando toco a la puerta de mi oficina, Teneo estaba ahí con su gran sonrisa.

Lo dejó pasar, traía otra vez en su mano unos boletos de un show de payasos.

- Vengo otra vez a venderle unos boletos para un show, igual será en beneficio, pero esta vez quiero verlo en público – el chico ladeo el rostro y hablaba casi con un coqueto reproche – usted es muy importante para mí, quisiera verlo ahí.

Sin despegar los ojos de sus documentos Hasgard le respondió sin mirarlo.

- No estoy interesado, el fin de semana iré a mi pueblo.

- Usted me estaba observando ayer, no lo niegue y parecía estarse divirtiendo, me di cuenta.

Su voz era el reproche más seductor que había escuchado en su vida, si, el anterior, Dohko un compañero había llevado a sus dos hijos a la facultad porque su esposa se enfermó, Teneo sin decir agua va, les dio un show a esos niños, he hizo que la gente se arremolinara a ver sus ocurrencias, no necesitaba maquillaje para hacer reír, sólo él sabrá cuantos globos y narices rojas cargaba entre sus cosas, pues parecía que siempre tenía un par cuando se necesitaba.

- Teneo, voy a pedirle que no me busque, ya no le doy clases, y no estoy interesado en sus espectáculos.

Hasgard le habló duro, la sonrisa del chico se desvaneció y el profesor se sintió culpable pero era le mejor. Teneo le dio la espalda y no vio por meses. En algún momento pensó que había dejado la Universidad. Se contuvo mucho para no buscarlo, no preguntarle a sus compañeros.

Sin embargo logró conseguir la información entre listas de asistencias de compañeros profesores, descubrió que el muchacho había adelantado materias y que saldría un año antes que el resto de sus compañeros, también se enteró que hacía Tesis con un amigo suyo, Dohko.

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El Dr. Dohko hablaba del muchacho con mucha admiración y Hasgard se moría de celos, su compañero tenía su oficina a un lado de la suya y veía como era más frecuente que Teneo entrara y saliera de ahí sin siquiera mirar su puerta, pero, ¿qué quería Hasgard?, no fue él quien lo despidió de su vida.

Una tarde de viernes Hasgard regresaba a su apartamento después de haber salido a comprar comida, Teneo estaba en la puerta de su apartamento recargado, un tanto serio, apenado y sonrojado lo miro a los ojos.

- Vengo a pedirle ayuda.

Ni siquiera preguntó como lo había encontrado, estaba de más no quería enterarse de ello.

- ¿Qué ocurre Teneo?

- Quiero que me ayude a revisar mi Tesis antes de entregarla, Dohko tuvo que salir de viaje por un problema familiar, yo estoy por entregarla a mis revisores, sólo en usted confió para que todo salga bien.

Esa noche de viernes trabajaron por horas, tomaron mucho café y Teneo preparó de comer con lo poco que tenía, una ensalada y unos emparedados, las galletas no faltaron y trabajaron hasta que ambos cayeron rendidos sobre la alfombra.

El sábado ya tarde Hasgard abrió los ojos, se encontró con los de Teneo muy cerca observándolo, el chico acercó la mano al rostro del profesor, cerró los ojos para sentir la caricia y no pudo más que responder con una sonrisa. El joven acercó el cuerpo y el mayor tomó la mano besándola, el efecto de la sonrisa de Teneo no tuvo límites en ese momento.

Al fin el profesor lo atrajo hacía sí para abrazarlo, sus rostros pegados, ambos sonrientes.

- ¿cómo te sientes?

- A tu lado siempre me siento bien

- Con respecto a la tesis, tonto – le dijo riendo

- Tu la has revisado y me has ayudado a corregirla, me siento seguro, te lo agradezco
- en realidad estaba muy bien hecho, de otra manera no hubiéramos logrado revisarla en una noche.

- Hasgard – Teneo habló ronco casi en un susurro ya no lo llamó maestro, y no supo siquiera cuando dejarón de hablarse de usted, no era su maestro desde cuatro años atrás, sin embargo no podía verlo de otra manera – te he esperado mucho – bajo la mirada avergonzado y sonrojado – no me rechaces, ya no me rechaces.

No supo porque pero empezó a llorar en brazos de Hasgard, recargando el rostro en el amplio pecho del profesor.

- Teneo, no, no llores, yo también quiero estar contigo

Hasgard levantó el rostro de Teneo con dos dedos, de manera suave y delicada, para depositarle un beso en los labios mientras las manos empezaban a recorrer la espalda del muchacho, quien se presionó contra el cuerpo del mayor, sosteniéndose del pecho recorriéndolo con sus manos, lleno de hambre de aquel cuerpo que a pesar de las medidas de Teneo, parecía pequeño al lado de Hasgard.

Los cuerpos enredados en un abrazo apasionado realmente intenso, el joven respondía con cierta habilidad a pesar de no ser experimentado, el instinto lo llevaba, ese hombre siempre le gusto, no importaba si era mayor, si era un espectador o un profesor.

Hasgard había vivido, si que había vivido aventuras locas con hombres y con mujeres, sus dedos lo delataban pues sabían bien a donde ir, giro a Teneo para tenerlo de espaldas hacía sí con la mano ya atrapando el miembro del muchacho que se contorsionaba jadeante gimiendo con fuerza, sin saber que hacer exactamente, sostenido de los fuertes brazos del mayor como si se agarrara de un cinturón de seguridad, echando su cabeza hacía atrás para sostenerla en un hombro de Hasgard apretando los ojos con fuerzas sintiendo un vértigo más allá del experimentado en la montaña Rusa.

El chico no tardo en eyacular sobre la mano del profesor, Hasgard lo abrazo dejando su aliento caliente sobre el oído del chico que se quedo así, relajado, sin decir nada, con los ojos cerrados y una sonrisa tonta, tocarse a sí mismo nunca sería lo mismo que ser tocado, y menos aún ser tocado por alguien que le gustaba tanto.

Hasgard lo sostuvo en sus brazos con una sonrisa tranquila y la barbilla recargada en la cabeza del chico, se sentía feliz de tenerlo así, más de lo que esperaba. Y aunque lo deseaba demasiado iría poco a poco, era muy claro, Teneo no sólo era virgen, sino inocente, sólo se había enamorado de un hombre,

- Te amo Hasgard.

- Yo también te amo, pequeño.

Se volvieron a quedar dormidos, el cansancio era mucho, pero también la paz que se brindaban el uno al otro.

Por la noche mientras cenaban juntos, Teneo miraba a Hasgard atentamente, escudriñaba cada gesto con curiosidad, esa mirada de ojos grandes hacía que el mayor, aun con todo lo vivido se sonrojara

- ¿Qué pasa Teneo?

- Soy virgen.

- Lo sé

- ¿cómo lo sabes?

- Sólo lo sé

Teneo se puso rojo más que nunca, su inexperiencia de había notado más de lo que hubiera pensado.

- Después de mi examen, Hasgard, me gustaría ….. mmmm….. que lo hiciéramos hasta el final, ¿me darías ese regalo?

El chico tenía la mirada en el plato y el corazón a mil por hora, Hasgard lo forzó a mirarlo levantando la carita con su mano.

- Con una condición, que me permitas prepararte un par de veces, para el examen y ….. para el regalo, así las dos cosas saldrán bien - dijo riendo.

Hasgard no pudo evitar que sus gestos y su mirada fueran lascivos y cariñosos al mismo tiempo, lo amaba, pero también lo deseaba

Hasta el día del examen, Teneo fue cada tercer día sin falta a casa del profesor, las sesiones de práctica terminaban con sesiones de besos, caricias, cada vez más intensos y atrevidos, su cuerpo se iba a acostumbrando a soportar el estrés de los interrogatorios, y a la invasión a su intimidad.

Teneo rindió su examen frente a un férreo jurado, donde Hasgard fue como invitado, Dohko logró llegar a graduar a uno de sus mejores estudiantes, obtuvo su títulos con mención honorífica y ahora el payasito de la calle era un orgulloso hombre feliz.

Celebraron apropiadamente con la familia, amigos, Dohko, el jurado y Hasgard, la compañía era agradable, aunque ni los profesores ni la familia entendía muy bien la cercanía de Hasgard en las últimas semanas.

Teneo tendría que explicarlo a su madre tarde o temprano y al menos Dohko se enteraría de un momento a otro, pero lo que era cierto, es que ambos eran felices juntos y eso no se podía ocultar.

Esa noche entraron de la mano al departamento de Hasgard, la primera de muchas noches, de un relación que parecía no tendría final, que sólo crecería y fortalecería. El amor los consumió, lo volvió un sólo cuerpo, fusionado en el placer y el calor de la sensualidad incipiente del muchacho y los experimentados movimientos del profesor.

El tiempo que pasaban juntos era un tesoro para ambos, se separaron varias veces pues Teneo estudió un posgrado y no encontró trabajo en la misma Universidad, sin embargo nunca hubo un rompimiento, y la comprensión entre ambos era constante, fue difícil, siempre es difícil, pero su amor siempre fue en un aumento.

Si algo agradecía Hasgard a Teneo, es aquella sonrisa que le regaló con sus labios, desde la primera vez que lo vió, al cruzar aquella calle concurrida.
S.T.G. 19/05/2015

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